Roma versus Cartagonova: Arqueología de la Memoria
Wendy Navarro
A menudo, la obsesión por el recorrido, el continuo “rastreo” de zonas, manipulando sus espacios, sus enclaves (sígnicos, históricos, visuales), “rememorando esa mina de la infancia” como un modo de acercarse a sí mismo; no es más que un necesario y recurrente afán por suministrar evidencias, interpretaciones diversas del mundo, que permitan “ver más
allá”, desvelar nexos, caminos, ocultos, inexplorados; acaso “hallar esa nueva definición de un lugar tránsito donde se superponen el mapa real y el virtual en un plegamiento incesante”1.
Rosell Meseguer, “rastreadora de vestigios y documentos del pasado”2, continúa este viaje costero, fronterizo, de cruces y diferencias, de límites y transgresiones, muros y horizontes, como parte de de un reencuentro emocional con sus señas de identidad y de esa voluntad de hacer emerger realidades subterráneas, captando el espíritu del tiempo, como ejercicio crítico destinado a cuestionar un orden establecido. La búsqueda visual de similitudes entre el puerto de Cartagena, en España y los puertos de Roma situados en la zona del Testaccio y Ostia Antica, en Italia, -en tanto vías de relación comercial entre ambas regiones del Imperio Romano ubicadas en la costa mediterránea-; ofrece un significativo espacio para el encuentro de imágenes, huellas, recuerdos, desde donde establecer un conjunto de reflexiones sobre la sociedad, posibilitando nuevas visiones del entorno.
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Roma versus Carthagonova- 2004-2007
Rosell Meseguer
Desde el 2004 al 2006 he ido creando, recuperando, proyectando y apropiándome de imágenes que crearan un diálogo entre las costas enfrentadas del Mediterráneo español e italiano. Un espejo que supuso vías comerciales y sociales, una historia de puertos y navíos, de intercambios, de diferencias y similitudes. De nuevo, como una rastreadora, visité los restos del Monte Testaccio en Roma, en la actualidad uno de los barrios de salidas nocturnas más apreciados de la Ciudad Eterna, sin duda alguna, hasta aquí llegaron pedazos y pedazos de ánforas, colocadas como un montón de teselas que emergen de la tierra hasta el cielo; son los restos de los envases antiguos de vino y aceite que configuran el monte, fragmentos de tierra y sal marina.
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